LA ULTREYA Y LA IMPORTANCIA A LA PERSONA
Referencia: Movimiento Cursillista Anglicano de Occidente. febrero 2013Como ya sabemos, la palabra Ultreya significa: seguir “adelante” o “proseguir”; era un grito de ánimo que se daban los peregrinos unos a otros. No vamos a enfatizar en la definición o lo que significa, sino y más bien en la parte viva de la misma.
En varias ocasiones nos encontramos con cursillistas que nos preguntan en que momento o etapa de la Ultreya se debe hacer la “convivencia”. A veces les miramos como si tuviéramos nuestra cara llena de ojos, pero luego al profundizar un poco más en lo que nos dicen, nos damos cuenta que se refieren a la parte del “compartir” el café, las donas, el pan, el refresco, etc.
La Ultreya en su totalidad, es un “convivir” o “convivencia”; es un compartir. El diccionario nos dice que “Convivencia” es: “buena armonía entre las personas que conviven”; también nos dice, que “Convivir es: “habitar en compañía de otra u otras
personas; vivir en buena armonía. La palabra armonía por su parte, generalmente se aplica al lenguaje musical. Es el arte de combinar o enlazar sonidos o acordes musicales.
Esto no quiere decir que la Ultreya se mide de acuerdo a la música o cánticos que allí compartimos; nada de eso, de hecho, la música y los cánticos facilitan el ambiente de ese “convivir’ o “compartir”. Al final de este artículo verán cómo esta parte encaja con todo lo demás. Pero ¿Qué es lo que se Convive en la Ultreya? Se Convive lo que se vive y se vive lo que se convive. Es el compartir en armonía nuestra vida cristiana, o sea, estar en “acorde” los unos con los otros en nuestro “ser cristiano”;
compartir la vivencia de nuestro “ser cristiano”. ¿Como compartimos?, mediante nuestro testimonio de vida, hacemos presente a Cristo en nuestro pequeño mundo -nuestros ambientes cotidianos-; vivir por: Cristo, con Cristo y EN Cristo.
¿Qué es lo que queremos decir con “vivir nuestro ser cristiano”? Nuestra naturaleza de seres humanos nos condiciona a un “hacer”, pero el espíritu en nosotros de “encarnar” a Cristo en nuestra vida y en todas nuestras acciones nos encamina a un “vivir”. La presencia operativa de Cristo en nuestras vidas asegura el rumbo de nuestro caminar hacia el Padre. Para esto reflexionemos en un examen de conciencia de algunas de las cosas más básicas de nuestro diario vivir: La Ultreya es la Reunión de las Reuniones de Grupo. Los hermanos/as participan en la Ultreya por la misma razón y con la misma finalidad por la que se reúnen en sus Grupos de Amistad, para compartir lo que cada uno vive en su ser Cristiano. No se va a la Ultreya a adquirir ciencia o recibir instrucciones. Si el propósito de la Ultreya fuese educacional o de organización, no tuviese el aspecto “Universal” que tan claramente la caracteriza y la define. Cuando sucede esto, a pesar de metas y objetivos nobles, el enfoque de la Ultreya se
desvía del proceso de conversión en una manera inadvertida que no se dan cuenta primeramente ni siquiera los más fieles hermanos/as Cursillistas hasta que todo el enfoque de interés cambia del Ser Cristiano al hacer Cristianadas. Es recisamente para prevenir este cambio de enfoque que la Ultreya debe mantenerse fiel a su misión y propósito. Tanto que todo el Movimiento depende de que esto sea así. Una vez que la Ultreya cese de ser un instrumento de conversión y se convierta en un lugar para todos aquellos que creen saber más que los demás y crean que por lo tanto son mejores que los demás, inevitablemente se disminuirá el número de asistentes y se convertirá en el lugar donde “los más santos”, “los más tontos” y los que vivieron el “más reciente Cursillo” se congregan.
Imagine cada cual qué preguntas podemos hacernos para saber si estamos transparentando a Cristo en cuanto a nuestro trabajo o negocios. Con el supervisor o jefe, con mis compañeros de trabajo; con mis empleados, etc. ¿Damos el deseo a los demás de conocer a Cristo por nuestras acciones y testimonio de vida? Lo mismo en lo personal como hijo, como hermano, como amigo, como vecino, como chofer, como agricultor, como oficinista, etc. etc. ¿Qué revistas y libros leo, son los que un cristiano debería leer? ¿Qué programas de radio escucho y qué programas de Televisión veo, son los que un cristiano debería ver? Y ¿de qué forma estoy contribuyendo para que todo esto que entra a nuestros hogares por los medios de comunicación que daña y pudre nuestra sociedad, sea eliminado? Como mencionáramos antes estas son, ser cristiano, examinar si de veras estamos encarnando a Cristo en nuestros ambientes a través de nuestras acciones, o sea algunas de las cosas más básicas. En todo esto, no se trata de ver cuán bueno somos, sino más bien, de examinar nuestra disposición a permitir que Cristo se encarne en nosotros, para poder realmente transparentarlo a El en nuestros ambientes. Analicemos un poco cuando vivimos nuestro Cursillo. Si recuerdan, el rector/a el jueves en la noche durante el rollo preliminar nos pidió que aportáramos tres cosas: Ilusión, Entrega y Espíritu de Caridad (Amor). Al nosotros aportar esas tres cosas que se nos pidió que aportáramos, todo aquel “hacer” se convirtió en un vivir. En realidad, aquellos tres días los vivimos a base de Piedad, Estudio y Acción. Cada día, desde la mañana comenzamos con las Oraciones de la mañana, el Ofrecimiento de Obras (encomendar de nuestro día y todo nuestro ser a Dios), luego diariamente compartíamos una Meditación, Sacramento (individuales y colectivas), oraciones de la noche, un examen de conciencia el cual nos ayuda a reflexionar sobre nuestro vivir del día. El contacto personal de los unos con los otros convertía ese hacer en un vivir en un convivir. Luego terminábamos en la Clausura –la gran Ultreya-; “encuentro” y convivencia con los cursillistas del 4to día. Ahora analicemos cada cual nuestro actual diario vivir y comprobémoslo como cuando vivimos nuestro cursillo, ¿Qué hay de diferente? En realidad hay una gran diferencia en cuanto “al ambiente” de nuestros tres días de Cursillo y “el ambiente” de nuestro diario vivir, o sea nuestro 4to día. En nuestro Cursillo estuvimos como encerrados en un pedacito de Cielo, mientras que en nuestro cuarto día las cosas del mundo nos circundan; el ambiente es muy diferente. Ahora nuestro vivir y nuestro “convivir” en nuestro cuarto día no puede ser diferente al convivir de nuestro Cursillo. Este no debe cambiar. Si los tres días de Cursillo se transforman en un Cursillo perenne (de toda la vida), en un “cuarto día”, entonces nuestra vida es “toda”-un apostolado. El “ser” y el “hacer” deben ir de la mano; el “hacer” es una consecuencia del “ser”. San Agustín lo pone muy básico y simple: “Ama y haz lo que quieras”. Se trata de que nosotros como a Pablo en el camino hacia Damasco, nos dejemos “tumbar” por el Señor y preguntarle “¿Qué debo hacer, Señor?” (He 22:10) Porque al igual que en el Cursillo, todo en nuestra vida, lo hacemos: por Cristo -sí, ahí en nuestro trabajo donde ganamos el sustento para llevar el pan a casa y pagar las cuentas…; ahí en nuestro hogar…; allí en lo social…; allí en nuestro vecindario…; sí, y en la comunidad parroquial también-. Cuando tomamos conciencia que todo lo que hacemos lo hacemos por Cristo, todo lo hacemos bien. Y lo hacemos bien porque lo hacemos… con Él, porque Él mismo lo dijo “sin mí ustedes no pueden hacer nada” y Él no nos va a defraudar – “Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia.” (Mt. 28:20). Con Él superamos todo. Y le transparentamos, porque lo hacemos… en Él. “No soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí” dice San Pablo. Viviendo en Su Gracia con Ilusión, Entrega y Espíritu de Amor (viviendo a intensamente aquellos tres días en nuestro 4to día). Él es quien vive en nosotros y nosotros le transparentamos a Él en todo lo que “hacemos”. Este es nuestro apostolado, esta es nuestra “Acción Apostólica”; es, toda nuestra vida. Es cómo estamos llevando a Cristo a nuestro pequeño mundo (los ambientes), con todos los inconvenientes, frustraciones, tropiezos, etc., pero también con todo el amor, gozo, libertad, convicción, entrega, etc. que ponemos al hacerlo. Es viviendo en Cristo como logramos hacer realidad el plan de Dios; así realizamos la actualización del Evangelio, mediante la realidad histórica de nuestra propia existencia. Esto es lo que convivimos y compartimos en la Ultreya. La Ultreya es un “convivir” y proclamar la fe en común. Es la vida de los cristianos a “tono”, en “acorde”, en armonía con la Gracia vivificante de todo nuestro diario vivir. Es “vivir el mismo clima que se vive en el Cursillo”. Nada más, pero nada menos. Y como la circunstancia de nuestra propia vida y de nuestro pequeño mundo tan solo nos permite reunirnos un ratito de nuestro ocupado tiempo, tenemos que planificar la Ultreya para el mayor aprovechamiento de este convivir. La planificación es mínima, pero es necesaria. Lo que no debemos perder de vista es la gran importancia que hay que darle a la “persona”. Como dirigentes del Movimiento debemos actuar y servir igual que en el Cursillo, que nos desvivíamos por ellos hasta llegar a una transformación de una verdadera Comunidad Cristiana, donde el jueves ni siquiera nos conocíamos y ya el domingo parecía que nos conocíamos de toda la vida. Y no tan solo eso, sino que no queríamos desprendernos los unos de los otros. Los dirigentes son a la Ultreya, lo que el equipo al Cursillo. Pues en la Ultreya debemos preocuparnos por los nuevos cursillistas, con apertura en la caridad; hacerles sentir bien; aplicar la técnica del contacto personal para conseguir una amistad desinteresada. No por el hecho de que ya haya vivido el Cursillo vamos a detener el proceso de amistad con una persona. Este proceso comenzó en el precursillo, y la finalidad del Cursillo no mira al individuo como meta, sino como punto de partida para llegar a la comunidad (mentalidad de los Cursillos). Se trata de que seamos verdaderos amigos y así juntos crecer en amistad y crecer en nuestro cristianismo siendo a la misma vez fermento”. Debemos procurar hacer reunión de grupo flotante con ellos e incitarlos sobre la importancia de que ellos vayan mirando y buscando posibles candidatos para formar su “Reunión de Grupo” (la cual conocemos como “de amistad”, “natural”, “permanente”, etc.). Sin imponerles nada y que la formen a su paso, sin apuro. Al final de la Ultreya, también se puede compartir con algún refresco, café, donas o pastel, etc.
Ultreya!
No hay comentarios:
Publicar un comentario